En diciembre de 2013, y en el marco de los actos programados para la XXXIII edición del premio literario Felipe Trigo, se presentó mi primer libro La fábrica de Jabones Gallardo.
El libro tiene el subtítulo Símbolo de desarrollo y testigo de la historia actual de Villanueva de la Serena, pues aunque el hilo conductor de toda la historia es la antigua fábrica de jabones, el protagonismo es compartido, donde la ciudad de Villanueva se convierte también en paisaje vivo de los acontecimientos.
A continuación, os dejo la Introducción del libro, donde se hace un análisis de lo que uno se puede encontrar en su interior:
Cuando comencé a documentarme sobre la antigua fábrica de jabones, lo que más me llamaba la atención era la casa, hoy único testigo de aquellos años gloriosos que significaron un esplendor industrial para la Villanueva decimonónica. Me atraía su arquitectura y su emplazamiento cercano a la estación del ferrocarril. Sin embargo, a medida que iba avanzando en mi investigación, la curiosidad fue ampliándose hacia la familia que promovió este pequeño imperio económico y focalicé mi interés en la figura de su fundador: José Gallardo.
Las personas, por geniales que nos parezcan, no son entes únicos que destacan al margen de otras circunstancias u otras personas. De tal modo, mi inquietud por conocer más datos, fue ampliándose hacia su familia y por supuesto hacia la ciudad que acogió todo este ejemplo de iniciativa económica: Villanueva de la Serena. Como un efecto dominó, las piezas de este juego fueron cayendo y decidí ampliar el ámbito de estudio hasta la actualidad, más allá de la vida del propio Gallardo. Llegados a este punto, tengo que advertir al lector, que aunque en mi idea primigenia estaba el analizar la historia de la Fábrica de Jabones Gallardo, sin embargo, sentí la necesidad de dilatar cronológicamente el estudio, ampliándolo hasta el año 2011 cuando se inauguró la casa tras una rehabilitación integral, convirtiendo al edificio en excusa para tratar sobre la historia de mi ciudad en un periodo tan vasto como es el que abarca desde finales del siglo XIX hasta comienzos del XXI.
La antigua fábrica ha asistido a todos los cambios políticos, sociales y económicos de Villanueva en los algo más de cien años desde que se levantó la primitiva nave y de algún u otro modo estos cambios le han afectado de forma directa. Hoy La Jabonera, nombre popular con el que los serones la bautizaron hace un tiempo, es un edificio público, consagrado al noble arte de acoger parte de la cultura de esta ciudad.
De
la mano de la antigua fábrica iremos recorriendo las distintas etapas por las
que la ciudad pasó. La llegada del ferrocarril supuso un acusado cambio en los
ámbitos sociales y económicos de la población, sirviendo a José Gallardo como
eje vertebrador para su incipiente negocio. A finales del XIX se produce un
cierto esplendor en el entramado económico de Villanueva, actividades que con
el paso del tiempo se convertirán en símbolo: fabricación de tinas de cemento,
almacén de coloniales, bodegas surtidas por la famosa uva local,… Mientras el
negocio de los jabones vivía su edad dorada a comienzos de la centuria, un
conflicto internacional será determinante para su esplendor definitivo: la I
Guerra Mundial. El abastecimiento de materias primas para la carrera
armamentística que previo al estallido del conflicto bélico necesitaban las
potencias europeas, servirá para que Jabones
Gallardo se convierta en empresa suministradora de glicerinas, componente
básico para el explosivo empleado en la contienda: la nitroglicerina. Este
mercado le supuso unos cuantiosos beneficios. Sin embargo, atribuir el éxito de
esta empresa a estas circunstancias sería simplista, ya que José Gallardo era
un visionario, pero avalado por un concepto de trabajo basado en la
organización y disciplina.
Dos
inmuebles resaltarán sobremanera, por un lado, la fábrica, que fuera resultado
de la nueva arquitectura industrial, obra de un desconocido alemán que traería
las últimas invenciones en cuanto a materiales aplicados a la misma; y la
vivienda, ejemplo del Modernismo ecléctico que de la mano de un joven
arquitecto, Aníbal González, quien mientras diseñaba la casa, participaba en el
concurso para la Exposición Iberoamericana de 1929 a celebrar en Sevilla, siendo
precisamente a él, a quien le adjudicarían las obras de la Plaza de España,
símbolo de la capital andaluza. También recordaremos el jardín del viruto, apodo con el que se conoció a Gallardo, frente a
las instalaciones fabriles y a su otra fábrica en Villanueva del Arzobispo en
la provincia de Jaén, donde buscó la materia prima para la fabricación del
jabón.
Destacable
será también su prolífica familia. Del matrimonio con Carmen Gómez le nacerán
once hijos, algunos de ellos destacaron por su labor intelectual. Sin duda
alguna el caso más conocido es el de Isabel, la primogénita y única hija nacida
en Orellanita, el resto lo harán en
Villanueva de la Serena. Reconocida folclorista, también colaborará a través de
artículos en diversas publicaciones de la época, escribirá alguna novela y
recopilará recetas en un voluminoso título. Junto a ella, los casos de Manuela
y Francisca, también con un importante bagaje intelectual. La mayor parte de
sus hijos, exceptuando los mayores, recibirán una educación elitista en la
Alemania prebélica, sin duda alguna un caso excepcional para esa sociedad
anclada en las rancias costumbres provincianas.
A
la muerte accidental de Gallardo, le seguirá una nueva etapa que nos lleva
hasta la Guerra Civil. La ciudad va cambiando, destacando la figura de Antonio
Miguel-Romero, alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, quien le
conferirá un aspecto diferente. Con la llegada de la República, un hecho
marcará la historia local. El sargento Pío Sopena, se atrinchera en las
dependencias de la Caja de Reclutas, junto a varios compañeros suyos y en un
acto suicida perderán la vida y provocarán la muerte de dos guardias civiles.
El acontecimiento será recordado durante generaciones. Sin embargo, un hecho
aún más cruento está por llegar. Corría el año 36 y en esos primeros meses de
contienda se producirán persecuciones, torturas, detenciones y muertes que
marcarán el devenir de los acontecimientos. La terrible guerra termina con el
fusilamiento de un grupo de ciudadanos villanovenses en las cercanías de
Medellín, aún por determinar dónde fueron enterrados.
La
dictadura ha llegado. Con ella, una larga y gris etapa en la historia del país.
La fábrica se alquilará a una familia catalana afincada en tierras andaluzas: los
Espuny. Son años difíciles, donde el negocio del jabón es sustituido por otro
de valvulinas y grasas. Las disputas entre propietarios y arrendatarios se
dirimirán en los tribunales. Un largo proceso judicial que termina a favor de
los primeros allá por los años sesenta. Entra en juego por esas fechas la
figura de Manuel Romero Cuerda, alcalde de la ciudad y familia, por vía
matrimonial, de los herederos de Gallardo.
Con
la llegada de los setenta, también arriba la democracia. Alcaldes elegidos por
voluntad popular. Cambios en la urbe en pro de una nueva modernidad. También el
destino de la fábrica comienza a cambiar. Nuevos propietarios: Creaciones Françoise, Pavo Textiles y por último, la propiedad
pública de la casa. En el camino se ha producido la eliminación de todo el
complejo industrial de Jabones Gallardo.
En
todo este recorrido que comienza a mediados del siglo XIX y termina en 2011,
cuando se inaugura la rehabilitada Jabonera,
nos detendremos en aquellas circunstancias y vicisitudes que de una u otra
forma he considerado de interés para la historia que aquí les presento: José
Gallardo, su familia, la fábrica, la casa, Aníbal González, alcaldes, las
dictaduras, la República, la guerra, la democracia,… irán desfilando en este
libro que no tiene más pretensión que aproximarnos a la Fábrica de Jabones Gallardo, entendida como símbolo
de desarrollo industrial y testigo (de una parte) de la historia de Villanueva de
la Serena.
Con
el deseo que disfruten de su lectura, quedaría bien retribuido el trabajo que
aquí les traigo.
En Villanueva de la Serena, a 20 de enero de
2013
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